Creo más en las preguntas que en las respuestas

28 August 2015

Reconozco que siento una adicción, casi visceral, por hacer películas sobre tiempos idos. Colecciono fotografías de época que me estremecen estudiarlas. Y me retan. Tanto, que después de nutrirme de ellas e imaginarlas en movimiento sobre el papel, gozo al reinventarlas dentro de esa ilusión de vida que es el set cinematográfico. Probablemente otros directores lo esquiven, pero a mí me causó placer lidiar con extras, figurantes, coreografías, caballos, carretones, vestuarios, utilerías, armas de fuego, rótulos, grandes y pequeñas construcciones escenográficas hasta los actuales elementos en 3D, entre un montón más de componentes narrativos, donde en primerísimo lugar está el actor defendiendo a su personaje.

Si puedo escribir que me realicé filmándola es porque sentí que este viaje cinematográfico al pasado tenía que ser obligado espectáculo. Poder contar con cineastas apasionados que secundaron, no a mí, sino a la idea, fue un privilegio extraordinario. Y es que para hacer este tipo de película hay que vivir y sentir la época stanislavkianamente, seas Fotógrafo, Director de Arte o Peluquero. No únicamente los actores. Todos debieron entrenar el ojo observando y revisando la mayor cantidad posible de soportes informativos.

Antes de filmar, muchos años antes, Cuba Libre fue un guión que escribí muy rápido. Lo empecé y lo terminé en 1998. Quería soñar sobre las conductas de dos niños que juegan a la guerra dentro de la guerra, pero sin tener toda la conciencia del verdadero contexto hostil en que viven, tal y como pudo haber sido mi país en 1898, cuando los cubanos peleaban contra los españoles hasta la entrada del ejército de los Estados Unidos. Me interesaba mostrar como las inocencias de estos niños, -inicialmente tres, pero que por sugerencia del Productor, Iohamil Navarro, quedaron en dos-, eran violentadas por un entorno en el que se debatía el destino de un país, de una nación. En todo caso niños, también rehenes de las voluntades negativas o positivas de los adultos.

Aprendí mucho durante los meses en que estuve investigando, sobre todo, en la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional. Me veo allí emocionado al descubrir conductas y actitudes como que de Norteamérica, además de militares blancos, vinieron miles de soldados negros. Que la iglesia muy pro española se trastocó luego en muy pronorteamericana. Que la alta oficialidad mambisa cometió serios errores, no pocos estratégicos, los que fueron bien aprovechados por el guión de hierro conque en Cuba se desenvolvió el alto mando militar norteamericano, facilitándoles esos errores pasar de ejército aliado a comportarse como ejército de ocupación.

Como creo más en las preguntas que en las respuestas, esta aventura cinematográfica me ofrecía, me ofrece, el riesgo de responderle al pasado a través de preguntas. Tuve esa confirmación mientras filmaba y después, cuando crecía la estructura dramática en el montaje.

La decisión gubernamental de que dos países adversarios restablezcan relaciones diplomáticas el 17 de diciembre del 2014, me remitió a la incertidumbre de que si para la película era un viento en popa, a babor o a estribor. La mesura post sorpresa me inclina a pensar que la película mantenga su autonomía, que no es más que el ejercicio libertario de mi punto de vista por encima de las coyunturas políticas, tantas veces desfavorable hacia el arte.

A punto de dejarse ver, naturalmente que estoy expectante por percibir las reacciones, tanto entre cubanos como entre los foráneos.

Jorge Luis Sánchez